Durante el Mes de la Herencia AAPI, el autor y cineasta Curtis Chin abordó inmigración, raza e identidad desde historias familiares marcadas por Detroit, la memoria migrante y el debate sobre quién puede considerarse verdaderamente estadounidense.
La pregunta sobre quién tiene derecho a pertenecer a Estados Unidos marcó una conversación amplia y profundamente personal con el autor y cineasta Curtis Chin durante una conferencia de prensa realizada por el Mes de la Herencia Asiático-Americana y de las Islas del Pacífico (AAPI Heritage Month). La charla giró en torno a su reconocido libro de memorias, Everything I Learned, I Learned in a Chinese Restaurant, una obra que explora inmigración, identidad racial, memoria asiático-estadounidense y el significado cambiante de ser “americano”.
Criado dentro del restaurante familiar Chung’s Cantonese Cuisine, en Detroit, durante los años ochenta, Chin recordó cómo la comida, la familia y la supervivencia estuvieron siempre ligadas a conversaciones más amplias sobre raza y pertenencia en Estados Unidos. El restaurante, que llegó a vender más de 10 millones de egg rolls hechos a mano en 65 años, funcionó como punto de encuentro comunitario y como escenario desde el cual observó tensiones económicas, discursos antiasiáticos y profundas transformaciones sociales.
“Estados Unidos tuvo éxito gracias a los inmigrantes”, afirmó Chin durante el encuentro. “Mi familia tuvo éxito gracias a Estados Unidos, pero Estados Unidos también tuvo éxito gracias a mi familia”.
Unas memorias atravesadas por la historia racial y cultural de Detroit
A lo largo de la conversación, Chin explicó cómo Detroit moldeó su visión sobre identidad y pertenencia. La historia migratoria de su familia se remonta a finales del siglo XIX, cuando su tatarabuelo emigró desde China hacia el Medio Oeste estadounidense durante la época de la Ley de Exclusión China. Tras enfrentar discriminación y dificultades laborales, la familia logró construir pequeños negocios, desde lavanderías hasta tiendas de abarrotes, antes de abrir Chung’s Cantonese Cuisine en 1940.
Para Chin, documentar esa historia era fundamental para comprender tanto a su familia como la experiencia migrante en Estados Unidos. Según comentó, muchas narrativas asiático-americanas suelen centrarse en ciudades costeras como Los Ángeles o Nueva York, mientras que las historias migrantes del Medio Oeste permanecen invisibilizadas.
El libro también revisita uno de los episodios más importantes de la historia de los derechos civiles asiático-americanos: el asesinato de Vincent Chin en Detroit en 1982. Chin recordó cómo el resentimiento antiasiático, impulsado por la crisis de la industria automotriz, alimentó la violencia racial en ese periodo, mientras la falta de cobertura mediática evidenciaba la escasa representación asiático-americana dentro del periodismo.
Al mismo tiempo, destacó que las comunidades asiático-americanas han desarrollado con los años redes culturales, políticas e institucionales mucho más sólidas para responder frente a la discriminación y defender su visibilidad. Mencionó el crecimiento de periodistas, activistas, organizaciones y artistas asiático-americanos como parte de ese avance colectivo.
Lejos de centrarse únicamente en el trauma, Chin describió su libro como una mirada humorística y esperanzadora sobre la vida familiar, la resiliencia comunitaria y la convivencia multicultural. “Vengan por los egg rolls, pero quédense por la conversación sobre racismo”, bromeó durante la conferencia.
Inmigración, memoria y el legado de los negocios familiares
Más allá de la identidad racial, la conversación también abordó el peso emocional que cargan muchas familias inmigrantes y los negocios construidos a través de generaciones. Chin explicó que los restaurantes suelen convertirse en algo mucho más grande que un emprendimiento económico: funcionan como espacios de supervivencia, preservación cultural y memoria colectiva.
Desde su experiencia creciendo dentro de Chung’s Cantonese Cuisine, reflexionó sobre las presiones que enfrentan muchos hijos de inmigrantes respecto a continuar el negocio familiar. Aunque sus padres nunca lo obligaron a hacerse cargo del restaurante, admitió haber sentido culpa por no continuar con ese legado tras el cierre definitivo del local durante la pandemia.
La charla también exploró cómo el emprendimiento inmigrante evoluciona a lo largo de las generaciones. Chin explicó que sus antepasados construyeron estabilidad progresivamente, comenzando con trabajos físicamente demandantes antes de abrir negocios propios con mayores oportunidades económicas. Según comentó, estas experiencias reflejan trayectorias comunes entre distintas comunidades inmigrantes en Estados Unidos.
Asimismo, advirtió sobre el riesgo de mirar las historias migrantes únicamente desde la nostalgia. Al hablar sobre el declive y transformación de distintos Chinatowns en ciudades estadounidenses, sostuvo que preservar estos espacios requiere imaginar su relevancia futura y no solamente proteger su pasado. Para Chin, las comunidades inmigrantes siguen siendo esenciales cuando continúan generando espacios de diálogo, creatividad y conexión entre generaciones.
Redefinir qué significa ser estadounidense
Otro de los temas centrales fue la tensión constante entre identidad y aceptación. Chin reflexionó sobre los estereotipos persistentes que enfrentan los asiático-americanos, especialmente la idea de ser vistos como extranjeros permanentes, sin importar cuántas generaciones hayan vivido en el país.
Pese a ello, se mostró optimista sobre el futuro de Estados Unidos, argumentando que la identidad del país siempre ha estado marcada por luchas sociales, activismo y negociaciones culturales. También señaló que la democracia y el multiculturalismo requieren participación constante y no pueden darse por sentados.
Cuando le preguntaron qué convierte realmente a una persona en estadounidense, Chin rechazó definiciones rígidas basadas en raza u origen. En cambio, sostuvo que el sentido de pertenencia comienza cuando las personas dejan de permitir que otros definan su identidad por ellas.
“Una de las bellezas de Estados Unidos”, afirmó, “es que todos podemos definir qué significa esa palabra”.
Chin también destacó el papel de los restaurantes chinos como espacios culturales compartidos donde personas de distintas razas, religiones y clases sociales pueden coincidir. En una sociedad cada vez más polarizada, consideró que estos encuentros cotidianos son fundamentales para reconstruir vínculos sociales.
La conversación trascendió el contexto estadounidense cuando el autor habló sobre las reacciones que encontró durante su reciente gira literaria por diez países. Según explicó, muchas personas en el extranjero observan con desconcierto el clima político actual de Estados Unidos y los debates alrededor de raza, inmigración y democracia. Aun así, considera que la disposición del país para enfrentar públicamente esas tensiones sigue siendo una de sus características más distintivas.
Además de hablar sobre su libro, Chin destacó su trabajo como cineasta y defensor de las narrativas migrantes. También se refirió a las crecientes dificultades que enfrentan artistas y escritores racializados ante los recortes a programas de diversidad y financiamiento cultural.
A pesar de ello, sostuvo que las historias continúan siendo fundamentales para preservar la memoria, generar empatía e imaginar una visión más inclusiva de Estados Unidos. A través de recuerdos familiares, humor y reflexión cultural, su libro plantea finalmente una pregunta tan simple como urgente: quién puede pertenecer a Estados Unidos y quién tiene el poder de decidirlo.
