Los brotes de sarampión crecen por la caída en la vacunación

El aumento de contagios evidencia el impacto de la desinformación, la baja inmunización y el debilitamiento de la salud pública.

Estados Unidos enfrenta el mayor resurgimiento del sarampión en más de tres décadas, una situación que mantiene en alerta a especialistas en enfermedades infecciosas, quienes advierten que la disminución de las tasas de vacunación, la desinformación persistente y las brechas en los sistemas de salud pública están permitiendo el regreso de uno de los virus más contagiosos del mundo. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), hasta el 2 de julio se habían registrado 2.170 casos de sarampión, la cifra anual más alta en 35 años, con brotes activos en varios estados que afectan tanto a niños como a adultos.

Durante una conferencia organizada por American Community Media, médicos, epidemiólogos y expertos en inmunización coincidieron en que el actual incremento de casos no responde a cambios en el virus, sino a la disminución de la cobertura de vacunación. Según señalaron, el sarampión, cuya transmisión endémica fue eliminada en Estados Unidos en el año 2000, ha encontrado nuevamente condiciones para propagarse debido a que muchas comunidades ya no alcanzan los niveles de inmunización necesarios para mantener la inmunidad colectiva.

Patsy Stinchfield, enfermera pediátrica especializada y directora ejecutiva de Measles Collaborative, explicó que el virus no se ha vuelto más peligroso con el paso del tiempo. Lo que ha cambiado, afirmó, es la protección de la población.

“El virus no ha cambiado. Lo que ha cambiado es nuestra cobertura de vacunación”, señaló Stinchfield, quien recordó que el sarampión requiere una cobertura cercana al 95% para impedir su propagación. Cuando ese porcentaje disminuye, incluso ligeramente, el virus encuentra rápidamente personas susceptibles y puede transmitirse a entre 12 y 18 individuos por cada caso confirmado.

La especialista también aclaró una confusión frecuente. Aunque Estados Unidos declaró eliminado el sarampión en el año 2000, ello significó únicamente que había interrumpido la transmisión continua dentro del país. El virus nunca fue erradicado a nivel mundial y, mientras siga circulando en otros países, los casos importados seguirán representando una amenaza constante.

La disminución de la vacunación alimenta nuevos brotes

Los especialistas señalaron que varias regiones del país muestran cómo la reducción de la cobertura de inmunización ha facilitado el resurgimiento de la enfermedad.

En Utah, estado que enfrenta un brote desde hace más de un año, menos del 84% de los niños ha recibido las dos dosis recomendadas de la vacuna triple viral (MMR). Andrew Pavia, jefe de la División de Enfermedades Infecciosas Pediátricas de la Universidad de Utah, explicó que, aunque el promedio estatal sigue siendo relativamente alto, existen comunidades donde las tasas de vacunación descendieron drásticamente y se convirtieron en el punto de partida de la expansión del virus.

Según detalló, algunas comunidades ubicadas en la frontera entre Utah y Arizona presentan coberturas de apenas entre 30% y 40%, impulsadas por creencias religiosas contrarias a la vacunación, desconfianza hacia el gobierno y movimientos antivacunas. Una vez que el virus ingresó a estas zonas, se propagó rápidamente hacia el resto del estado.

Pavia advirtió además que las cifras oficiales probablemente representan solo una parte del problema. Debido a que muchas familias no acuden a realizar pruebas de laboratorio, investigadores desarrollaron modelos epidemiológicos y análisis genómicos que estiman que el número real de contagios podría ser entre dos y cuatro veces mayor al reportado oficialmente. En Utah, por ejemplo, unos 700 casos confirmados podrían equivaler realmente a entre 1.400 y 2.800 infecciones.

Otro aspecto que preocupa a los especialistas es el incremento de casos en adultos. Cerca de una cuarta parte de las infecciones registradas este año corresponde a personas mayores de 20 años, un grupo que, junto con los menores de cinco años, presenta mayor riesgo de hospitalización y complicaciones graves.

Las mujeres embarazadas constituyen otro grupo especialmente vulnerable. Pavia explicó que una infección por sarampión durante las últimas semanas del embarazo puede transmitirse al bebé antes o inmediatamente después del parto, con consecuencias potencialmente mortales para el recién nacido.

La desinformación sigue debilitando la confianza en las vacunas

Los especialistas coincidieron en que la desinformación continúa siendo uno de los principales factores detrás de la caída en las tasas de vacunación.

Stinchfield relató años de trabajo junto a la comunidad somalí de Minnesota, donde grupos antivacunas difundieron falsamente que la vacuna MMR provoca autismo. Antes de la llegada de estas campañas de desinformación, más del 90% de los niños somalíes recibía la vacuna. Sin embargo, el temor generado llevó a muchas familias a retrasar la inmunización hasta la edad escolar, dejando a los niños pequeños expuestos durante sus primeros años de vida.

Esta disminución favoreció diversos brotes, incluido el registrado en 2017, que afectó principalmente a niños en edad preescolar, y otro ocurrido en 2024. La especialista explicó que recuperar la confianza ha requerido trabajar junto a profesionales de salud de la propia comunidad, líderes religiosos, organizaciones locales y familias.

Más que repetir constantemente que las vacunas no causan autismo, indicó, las campañas actuales buscan explicar tanto la gravedad del sarampión como la amplia evidencia científica que demuestra la seguridad de la vacuna. Asimismo, destacó la importancia de informar correctamente sobre el autismo, recordando que décadas de investigación no han encontrado ninguna relación entre esta condición y la vacuna MMR.

Benjamin Neuman, profesor de Biología en la Universidad Texas A&M, reforzó este mensaje al explicar que la vacuna contra el sarampión sigue siendo altamente eficaz pese a haber sido desarrollada hace varias décadas. A diferencia de virus como la influenza o el COVID-19, el sarampión presenta muy pocas mutaciones en las regiones que reconoce el sistema inmunológico, lo que permite que las vacunas actuales continúen ofreciendo una protección duradera frente a las variantes que circulan hoy.

Los desafíos van más allá de la vacunación

Los expertos advirtieron que controlar los brotes actuales también se ha vuelto más complejo debido a las limitaciones que enfrentan los sistemas de salud pública.

Pavia explicó que la reducción del financiamiento para salud pública ha dificultado tareas esenciales como la identificación de casos, el rastreo de contactos y el aislamiento oportuno de personas expuestas, medidas indispensables para contener un virus tan contagioso como el sarampión.

A ello se suma otro desafío: gran parte de los médicos jóvenes nunca ha visto un caso de sarampión durante su formación profesional, precisamente porque la enfermedad permaneció controlada durante décadas. Esta falta de experiencia clínica puede retrasar el diagnóstico oportuno en algunos pacientes.

Por su parte, José Romero, exdirector del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias de los CDC, alertó sobre las consecuencias que podría tener la pérdida de confianza en las vacunas para las comunidades inmigrantes y otros grupos vulnerables.

Según explicó, si la cobertura de vacunación continúa disminuyendo, Estados Unidos podría enfrentar el regreso no solo del sarampión, sino también de otras enfermedades prevenibles que muchos médicos prácticamente han dejado de ver, como algunos tipos de meningitis bacteriana. Romero sostuvo que la desinformación, sumada a las dificultades para llegar a poblaciones vulnerables, amenaza con revertir décadas de avances en salud pública.

Los especialistas también señalaron que el temor de algunas familias inmigrantes a acudir a centros de salud, debido a las políticas migratorias, podría retrasar tanto la atención médica como la vacunación infantil, facilitando aún más la propagación de la enfermedad.

Pese a las diferencias de enfoque entre los panelistas, todos coincidieron en un mensaje final: el sarampión sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más prevenibles si se mantienen altas tasas de vacunación. Los expertos instaron a las familias a revisar sus registros de inmunización, asegurarse de que niños y adultos cuenten con las dosis recomendadas de la vacuna MMR y confiar en la evidencia científica antes que en la información falsa que circula en redes sociales.