Mientras millones se preparan para viajar, expertos advierten desafíos en inmigración, derechos civiles, protección laboral y seguridad comunitaria.
A pocas semanas del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, Estados Unidos se prepara para recibir el evento deportivo más grande de la historia. Con partidos distribuidos entre Estados Unidos, México y Canadá, el torneo atraerá a millones de visitantes, movilizará miles de millones de dólares en actividad económica y colocará a Norteamérica bajo la mirada del mundo. Sin embargo, junto con la expectativa por el espectáculo deportivo, crecen las interrogantes sobre si el país está realmente preparado para ofrecer una experiencia inclusiva, segura y accesible para todos.
Durante una conferencia organizada por American Community Media, especialistas de Human Rights Watch, la NAACP y el Migration Policy Institute analizaron los principales desafíos que acompañan la realización del torneo. Entre los temas abordados destacaron las políticas migratorias, la protección de los derechos humanos, la libertad de expresión, las condiciones laborales y el impacto que el Mundial podría tener sobre comunidades inmigrantes y grupos vulnerables.
Derechos humanos e inmigración: las principales preocupaciones
Minky Worden, directora de Iniciativas Globales de Human Rights Watch, recordó que el Mundial 2026 fue concebido como el primero bajo un marco integral de derechos humanos, una medida impulsada tras las fuertes críticas que enfrentaron las ediciones realizadas en Rusia y Qatar. Sin embargo, advirtió que el contexto actual plantea nuevos desafíos para cumplir esa promesa.
La especialista señaló que Estados Unidos albergará 78 de los 104 partidos del torneo, convirtiéndose en el principal escenario de la competencia. Aun así, consideró que las actuales restricciones migratorias y de visado podrían impedir que aficionados, periodistas y familiares de algunos equipos clasificados puedan participar plenamente en la celebración. Países afectados por prohibiciones o limitaciones de ingreso enfrentarían mayores obstáculos para asistir al evento.
Ante este panorama, Human Rights Watch propuso una especie de “tregua migratoria” durante el Mundial, solicitando que se suspendan temporalmente ciertas operaciones de control migratorio para evitar que comunidades inmigrantes vivan el torneo bajo temor o incertidumbre. La organización también expresó preocupación por la situación de periodistas internacionales que deberán cruzar fronteras constantemente para cubrir los encuentros y que podrían enfrentar dificultades de ingreso o restricciones en el ejercicio de su labor.
Protección de niños, trabajadores y comunidades locales
Otro de los temas centrales fue la protección de la niñez durante el torneo. Katherine La Puente, coordinadora senior de Derechos de la Niñez de Human Rights Watch, explicó que FIFA recién ha comenzado a implementar políticas específicas de protección infantil, pese a que organizaciones defensoras de derechos humanos llevan años reclamando medidas más robustas.
Según indicó, los megaeventos deportivos suelen incrementar riesgos relacionados con la trata de personas, la explotación sexual, el trabajo infantil y la separación familiar. Aunque reconoció los avances recientes, expresó dudas sobre si existirá tiempo suficiente para capacitar adecuadamente al personal involucrado y garantizar que los mecanismos de denuncia y protección funcionen de manera efectiva desde el inicio de la competencia.
La Puente también alertó sobre el impacto que las acciones de control migratorio pueden tener en familias inmigrantes. Casos documentados por Human Rights Watch muestran cómo algunos padres han sido detenidos durante eventos futbolísticos, provocando separaciones familiares con consecuencias emocionales duraderas para los menores. En ese sentido, pidió que el Mundial contribuya a elevar los estándares de protección de derechos y no a profundizar situaciones de vulnerabilidad.
El desafío de equilibrar seguridad, inclusión y beneficios económicos
Desde la perspectiva de los derechos civiles, Jamal R. Watkins, vicepresidente senior de Estrategia y Desarrollo de la NAACP, sostuvo que el Mundial representa una oportunidad única para demostrar el compromiso del país con la inclusión. Sin embargo, advirtió que el contexto político actual obliga a vigilar de cerca aspectos relacionados con la libertad de expresión, la seguridad pública y el respeto a los derechos de trabajadores, aficionados y comunidades locales.
Watkins señaló que las organizaciones civiles han impulsado estándares de equidad racial, protección laboral y mecanismos de reparación ante posibles vulneraciones de derechos durante el torneo. También manifestó preocupación por la posibilidad de que las medidas de seguridad deriven en mayores niveles de vigilancia o aplicación excesiva de controles que afecten de manera desproporcionada a determinados grupos poblacionales.
A ello se suma el debate sobre los beneficios económicos del evento. Si bien se espera una importante inyección de recursos para las ciudades anfitrionas, diversos especialistas cuestionan si esas ganancias llegarán efectivamente a los trabajadores y residentes locales o si terminarán concentrándose en grandes corporaciones y operadores vinculados al negocio deportivo y turístico.
Un Mundial que será observado más allá de las canchas
Por su parte, Ariel G. Ruiz Soto, analista senior del Migration Policy Institute, explicó que las actuales políticas migratorias podrían definir gran parte de la experiencia de quienes viajen al Mundial. Restricciones de visado, requisitos adicionales para ciertos visitantes y diferencias en los sistemas migratorios de Estados Unidos, México y Canadá podrían generar obstáculos para aficionados provenientes de distintas regiones del mundo.
El especialista destacó que el torneo fue concebido originalmente como un símbolo de cooperación regional entre los tres países anfitriones. Sin embargo, el contexto político actual es muy distinto al que existía cuando la candidatura conjunta obtuvo la sede, por lo que la gestión de la movilidad internacional será uno de los factores clave para evaluar el éxito organizativo del evento.
A medida que se acerca el inicio de la Copa Mundial 2026, el fútbol promete convertirse en una gran celebración global. No obstante, para expertos y organizaciones defensoras de derechos humanos, el verdadero desafío será comprobar si Estados Unidos puede garantizar que millones de visitantes, trabajadores, periodistas y comunidades locales se sientan realmente bienvenidos. Más allá de los resultados en la cancha, la manera en que el país gestione estos desafíos podría convertirse en uno de los legados más importantes del torneo.
