La segunda vuelta presidencial de Colombia podría redefinir el futuro de la democracia en América Latina

Mientras los colombianos se preparan para votar el 21 de junio, expertos advierten que el resultado podría influir en la estabilidad regional, la migración, los derechos humanos y la gobernanza democrática mucho más allá de las fronteras del país.

El próximo 21 de junio, los colombianos volverán a las urnas para una segunda vuelta presidencial que diversos observadores consideran una de las elecciones más trascendentales de la historia reciente del país. La contienda entre Iván Cepeda, del Pacto Histórico, y Abelardo de la Espriella, de Salvación Nacional, se ha convertido en un referéndum sobre el futuro de la democracia colombiana, las políticas de seguridad, la implementación de los acuerdos de paz y el papel del país dentro de América Latina.

Sin embargo, según académicos, periodistas e investigadores que participaron en una conferencia organizada por American Community Media, esta elección representa mucho más que la elección de un nuevo presidente. Refleja tensiones profundas que se han venido acumulando en toda la región: un creciente descontento con las instituciones democráticas, el aumento de la inseguridad, las disputas territoriales y la popularidad cada vez mayor de modelos de liderazgo basados en la figura del hombre fuerte.

La “polarización” se ha convertido en la palabra más utilizada para describir el panorama político latinoamericano. No obstante, Beatriz Magaloni, profesora de Ciencias Políticas y senior fellow de la Universidad de Stanford, sostiene que este término simplifica en exceso lo que realmente está ocurriendo.

“Lo que estamos observando no es necesariamente un conflicto ideológico entre izquierda y derecha. Se trata de cómo las personas experimentan el fracaso del Estado en su vida cotidiana”, señaló Magaloni.

Dos Colombias, dos realidades distintas

Los expertos describieron un país dividido por experiencias profundamente diferentes en torno a la inseguridad.

En las zonas urbanas y semiurbanas, muchos colombianos viven preocupados por la delincuencia, la extorsión y la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad pública. Estos votantes demandan respuestas inmediatas y se muestran cada vez más receptivos a propuestas basadas en políticas más severas contra el crimen.

Mientras tanto, las comunidades rurales, especialmente las poblaciones indígenas y afrocolombianas, enfrentan una realidad distinta. Su principal amenaza proviene de grupos armados que luchan por el control de territorios estratégicos vinculados a rutas del narcotráfico, operaciones mineras, recursos naturales y economías ilegales.

Según Magaloni, estas comunidades continúan sufriendo violaciones a los derechos humanos, desplazamientos forzados y distintos tipos de violencia, mientras que líderes sociales y defensores del territorio siguen siendo blanco de ataques.

“Las dos Colombias no están dialogando entre sí. Cada una percibe a la otra como una amenaza, en lugar de reconocer que ambas experimentan formas legítimas de inseguridad”, explicó.

Los investigadores también destacaron que muchos de los grupos armados que operan actualmente ya no están impulsados por una ideología política. Hoy, sus intereses están ligados principalmente al lucro y al control territorial.

Los datos presentados durante la conferencia mostraron una expansión significativa de organizaciones criminales entre 2019 y 2025, con estructuras paramilitares, disidencias de las FARC y otros grupos incrementando su presencia en distintos municipios del país.

Tierras, acuerdos de paz y heridas históricas

El periodista y sociólogo Manuel Ortiz, quien recientemente recorrió diversas regiones colombianas, señaló que gran parte de los conflictos actuales tiene su origen en décadas de violencia y despojo territorial.

Durante su trabajo de campo en Cauca y Montes de María, Ortiz documentó las disputas que aún enfrentan comunidades indígenas y afrocolombianas que buscan recuperar territorios perdidos durante años de conflicto armado.

“Estas elecciones no son simplemente una disputa entre izquierda y derecha. Se trata de la democracia, la restitución de tierras, los acuerdos de paz y de si Colombia continuará enfrentando sus injusticias históricas”, afirmó.

En Cauca, dos comunidades indígenas, los pueblos nasa y misak, protagonizaron recientemente enfrentamientos violentos por territorios en disputa. Aunque inicialmente los medios reportaron el hecho como un conflicto entre grupos indígenas, Ortiz explicó que ambas comunidades identifican el despojo territorial y las reclamaciones históricas no resueltas como las verdaderas causas del problema.

Muchas de estas poblaciones temen que un cambio de rumbo político pueda frenar o revertir los avances alcanzados en los procesos de recuperación de tierras.

Para quienes han vivido décadas de desplazamiento, esta elección representa una decisión sobre si continuarán los esfuerzos de reconciliación y las soluciones institucionales.

La democracia enfrenta nuevas presiones en América Latina

La discusión también situó a Colombia dentro de un contexto regional más amplio.

Los especialistas advirtieron que América Latina atraviesa un momento marcado por el ascenso de figuras políticas que promueven modelos de liderazgo fuertes y prometen soluciones rápidas a problemas complejos como la inseguridad, la migración y la inestabilidad económica.

Varios panelistas establecieron paralelismos con líderes de otros países que han adoptado estrategias de “mano dura” como respuesta a la violencia.

Según Magaloni, el descontento ciudadano con la democracia surge de la percepción de que los sistemas democráticos ya no están ofreciendo soluciones efectivas.

Las encuestas realizadas en distintos países latinoamericanos muestran que la inseguridad es una de las principales preocupaciones de la población, lo que ha impulsado el respaldo a medidas más estrictas, incluso cuando estas pueden poner en riesgo las libertades civiles y el debido proceso.

“Las personas siguen valorando la democracia. Valoran la libertad de expresión, el derecho a protestar y los derechos individuales. Pero están cada vez más dispuestas a sacrificar garantías procesales si creen que eso resolverá los problemas de inseguridad”, indicó.

Los investigadores advirtieron que esta tendencia podría debilitar las instituciones democráticas en toda la región.

Por qué el mundo está observando a Colombia

Las implicancias de esta elección van mucho más allá de las fronteras nacionales.

Colombia desempeña un papel central en los flujos migratorios, la seguridad regional y los esfuerzos internacionales para combatir el narcotráfico. Los acontecimientos políticos del país también podrían influir en otras naciones que enfrentan desafíos similares.

Los panelistas señalaron que problemas como la migración, el crimen organizado y los mercados ilegales de drogas requieren cooperación internacional y no respuestas aisladas desde cada país.

Al mismo tiempo, advirtieron sobre el riesgo de los discursos políticos que presentan a los migrantes o a las poblaciones vulnerables como una fuente de inseguridad, una narrativa que se ha vuelto cada vez más común en distintas partes del mundo.

Mientras Colombia se prepara para acudir a las urnas, los desafíos son cada vez más evidentes. Esta elección no solo consiste en escoger entre dos candidatos, sino también en definir cómo una de las democracias más influyentes de América Latina enfrentará la inseguridad, la desigualdad y las divisiones históricas en los próximos años.

Para muchos observadores, el resultado ofrecerá una visión anticipada del futuro que podría tomar la democracia en toda la región.