Boom de los GLP-1 abre nuevas dudas

Expertos analizan riesgos, acceso y efectos a largo plazo de estos medicamentos.

Cerca de 29 millones de estadounidenses utilizan actualmente medicamentos GLP-1 como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound, fármacos que han transformado el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Sin embargo, a medida que su uso continúa creciendo, especialistas advierten que aún persisten interrogantes sobre cuánto tiempo deben utilizarse, qué ocurre cuando los pacientes los suspenden y cuáles podrían ser sus efectos a largo plazo, especialmente en niños y adolescentes.

Los beneficios para perder peso conviven con interrogantes a largo plazo

La Dra. Jena Shaw Tronieri, investigadora principal del Centro para los Trastornos del Peso y la Alimentación de la Universidad de Pensilvania, presentó nuevos hallazgos que muestran que la semaglutida continúa reduciendo la ingesta calórica incluso cuando los pacientes vuelven a experimentar hambre o el denominado “ruido alimentario”. Su investigación indica que, aunque la pérdida de peso tiende a estabilizarse con el tiempo, el medicamento sigue ayudando a mantener un menor consumo de alimentos.

No obstante, advirtió que abandonar el tratamiento suele provocar una recuperación importante del peso perdido. Diversos estudios muestran que aproximadamente la mitad de los pacientes deja de utilizar estos medicamentos durante el primer año y que muchos recuperan cerca de dos tercios del peso que habían perdido. Por ello, señaló que los pacientes deben comprender que estos tratamientos están diseñados para un uso prolongado, al igual que otros medicamentos destinados a controlar enfermedades crónicas.

El uso en menores y el acceso generan preocupación

Aunque algunos medicamentos GLP-1 ya están aprobados para adolescentes con obesidad, el Dr. Dan Cooper, profesor emérito de Pediatría de la Universidad de California en Irvine, pidió cautela al prescribirlos durante la infancia y la adolescencia. Explicó que todavía no se conoce con certeza cómo podrían afectar el desarrollo de músculos, huesos y cerebro en una etapa clave para el crecimiento.

El especialista también sostuvo que estos medicamentos no deben reemplazar las intervenciones intensivas sobre el estilo de vida. A su juicio, mejorar la educación física en las escuelas, ampliar el acceso a espacios recreativos y promover hábitos saludables, especialmente en comunidades de menores recursos, sigue siendo una estrategia indispensable para enfrentar la obesidad infantil.

El costo sigue siendo la mayor barrera

La Dra. Fatima Cody Stanford, profesora de Medicina y Pediatría de la Escuela de Medicina de Harvard, afirmó que el principal problema ya no es la disponibilidad de los medicamentos, sino su accesibilidad. Aunque la escasez registrada en años anteriores ha disminuido, muchos pacientes que podrían beneficiarse de estos tratamientos no pueden costearlos, ya que sus precios pueden oscilar entre US$900 y US$1.300 mensuales.

Además, destacó que persisten importantes desigualdades raciales y socioeconómicas en el acceso a la atención de la obesidad. Según explicó, los requisitos administrativos, las restricciones de los seguros médicos y las diferencias entre los programas estatales de Medicaid continúan limitando el acceso de las comunidades de menores ingresos. Si bien el nuevo programa Medicare GLP-1 Bridge busca reducir el costo para algunos beneficiarios elegibles, Stanford advirtió que los procesos de autorización previa y las diferencias entre estados podrían mantener las brechas existentes.

Los especialistas coincidieron en que los medicamentos GLP-1 representan uno de los mayores avances recientes en el tratamiento de la obesidad. Sin embargo, subrayaron que no constituyen una solución aislada y que su éxito dependerá de una combinación de investigación a largo plazo, acceso equitativo y programas sostenidos de alimentación saludable, actividad física y seguimiento médico.